Por Esteban Torino | etorino@cbanoticias.net
Fotografías: Emiliano Pacheco
El periodista y escritor Julio Villanueva Chang se presentó en el Centro Cultural España Córdoba de esta ciudad mediterránea. Allí se dictó también un curso en el marco del ciclo “Estados Alterados. Emergencias en el Periodismo Cultural”, por lo que ésta fue una instancia más en la que demostró sus destrezas léxicas y habló de su experiencia en el oficio.
Sobre quién es y qué hizo
Ante la pregunta que algunos se harán acerca de quién es Villanueva Chang, la primer respuesta con que se puede arremeter es: fue quien “sin presupuesto y ni oficina propia, logró imponer a Etiqueta Negra en el mapa de las revistas culturales, una publicación de gran calidad literaria y periodística”, que a la fecha lleva 75 números en la calle.
Según los integrantes del proyecto, y a los fines de ser más precisos (o no tanto), “ETIQUETA NEGRA no es una revista del corazón o mejor: no sólo es una revista del corazón. Tampoco es una revista de espectáculos, ni de política, ni de sexo, ni de estilos de vida. No es una revista sólo para hombres, ni para intelectuales, ni para amas de casa. No publicamos lo último de la moda en París y en Nueva York. Ni fotografías de sociales. Ni guías del ocio. ETIQUETA NEGRA es, más bien, un poco de todo eso: una revista de historias, crónicas, perfiles, ensayos y cuentos. Una revista hecha en el Perú, para descubrir el mundo”.
Sobre ella principalmente versó la charla a la que se pasará revista (valga la redundancia). Entonces Julio Villanueva Chang, quien fue su Director Fundador, hoy es sólo un colaborador más, pero acumula la experiencia de crearla, sostenerla y dejarla. Así, con una verborragia impactante, en un ritmo lento y calmo, pero con un caudal de frases irrefrenables, discurrió el encuentro. La modalidad del evento fue una entrevista abierta y estuvo a cargo de Gonzalo Toledo, del matutino Día a Día.
Para comenzar a hablar de su arriesgado proyecto, no dudó en afirmar que “desde el punto de vista del marketing sería inviable”, por lo que dijo haber estado más cerca de “fundar un bar que de hacer una revista”. Luego agregó su percepción de aquel primer número que vio la luz: “A la edición cero la veo con una risita nerviosa, se parecía más a lo que no quería que fuera”.
Por otra parte, la publicación fue y es renombrada por sus colaboradores, ya que en las páginas de esta revista escribieron tanto las nuevas y destacadas plumas del periodismo cultural, Gabriela Wiener, Juan Pablo Meneses, Alberto Fuguet, Leila Guerriero; como los consagrados y los legendarios, David Foster Wallace, Ryzard Kapuscinski, John Lee Anderson, Juan Villoro, Mario Vargas Llosa, Martín Caparrós. Pero Villanueva Chang prefiere llamarlos “cómplices”. ¿Cómplices de qué? En sus propias y aventuradas, aunque muy bien pensadas) palabras, los nombró como “cómplices de un crimen, que era el crimen de escribir”. Sin embargo, relativizó la tarea del convencimiento, ya que aseguró que hay que perderle el miedo de pedirle a un autor por creer que no va a escuchar y puntualizó: “Fingí ser encantador y me creyeron”. Asimismo, se animó a pronunciar que “ellos pensaban que no iba a durar, pero a mí no me importaba, sólo pensaba en el número que salía”.
En cuanto a las razones de su alejamiento de la dirección de la revista, dijo: “Mi vida privada era un desastre. Ahora lo sigue siendo, pero viajo más”. Más tarde, volvió sobre lo mismo y aclaró que era un chiste.
Y, sin dudas, pudo expresar mejor su despedida en forma de analogía, como se ve que bien sabe hacerlo: “En términos monárquicos, el tema de la sucesión es un problema de confianza, porque uno se vuelve maniático. Tuve que admitir que tenía que cambiar, tuve que admitir que ya no era el padre de la hija que no quería dejar crecer”.
Del oficio de escribir
Más allá de su otrora publicación (hoy su estandarte), no pudo dejar de referirse al ejercicio del escritor, siempre en sus términos dignos de ser repetidos: “Escribir de algún modo es fracasar. Es una aventura que tiene un comienzo, pero que no sabemos si tiene un final”. Aunque en otro sentido, no dejó de sentar postura y apuntó: “Un lector es un infiel. Lo que hacemos es buscar memoria, la memoria está fallando”.
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