Por Andrés Oliva y Sebastián Dinolfo | aoliva@cbanoticias.net – sdinolfo@cbanoticias.net
Las legisladoras Liliana Olivero (Izquierda Socialista – Frente de Izquierda y los Trabajadores) y Silvia Rivero (Concertación Plural) junto a los legisladores Roberto Birri (Frente Cívico y Social) y Marcelo Falo (Unión por Córdoba) dieron una charla en el marco de un debate organizado por la cátedra B de Política y Comunicación de la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba.
En la charla los legisladores compartieron su mirada y sus experiencias sobre el trabajo legislativo. Ese recorrido tuvo puntos salientes que atraviesan discusiones de fondo sobre la participación ciudadana y el rol del Poder Legislativo, en esta nota recuperamos la discusión sobre uno de los más significativos: la ley de bosques.
Ley de Bosques, de la participación ciudadana a la decepción
Roberto Birri apuntó que Córdoba tiene instituciones que tienden a un modelo de democracia directa: la iniciativa popular, las audiencias públicas, el referéndum. Sin embargo, precisó: “Lo que falta es el convencimiento de que esos mecanismos sirven al desarrollo de la sociedad. Un ejemplo es la falta de propuestas vecinales para la formación del presupuesto participativo“.
No obstante, Birri indicó que como contrapartida de esa realidad podía rescatarse la experiencia de la creación del proyecto de ley de bosques. “Fue un ejercicio de participación ciudadana muy saludable, que involucró a una gran cantidad de organizaciones y particulares que dieron su punto de vista sobre esta problemática. El problema es que pese a ese proceso de un año y medio el Gobierno terminó aprobando un proyecto que no refleja ese trabajo colectivo de organizaciones y espacios que se movilizaron, discutieron propuestas y consensuaron”.
Por su parte, la legisladora Silvia Rivero indicó que la metodología de trabajo de la Comisión que discutió la ley de bosques fue “un proceso modelo hasta que llegó al recinto”. En el desarrollo de esa experiencia “la participación popular se dio de manera espontánea y genuina y donde la gente encontró que su palabra valía. Ese proceso –en el que participaron estudiantes, la universidad, militantes, profesionales y diferentes organizaciones– atravesó toda la sociedad”.
Sin embargo, Rivero puntualizó que otra fue la historia cuando el proyecto ingresó a la Legislatura. “En ese momento, aparecieron quienes no habían podido respetar la palabra plural, participativa y democrática de ese otro espacio. Cartez y la Sociedad Rural hicieron presión a través de manejo de comunidades, voluntades y favores que hicieron que se vote una ley muy diferente. Eso es producto de la acción de organizaciones que operan presionando con una lógica clara: actúan en una seudodemocracia o frente a unas instituciones que pueden manejar a antojo.”
Cuando Liliana Olivero tomó la palabra habló sobre su participación en las manifestaciones de apoyo al proyecto de la Comisión de Ordenamiento Territorial de los Bosques Nativos (COTBN). Además ilustró otro caso que pone en tensión el trabajo y la participación ciudadana y la labor en la Legislatura.
La legisladora señaló que hizo propio un proyecto que surgió del trabajo de la Coordinadora Córdoba en Defensa del Agua y la Vida (CCODAV) –un espacio formado por vecinos y vecinas de la ciudad preocupados por la falta de agua en 2006–. “Este proyecto propone declarar el agua como un derecho humano y armar una empresa de saneamiento que no sólo piense en el agua que sale de la canilla sino en políticas públicas que resguarden este derecho humano. El proyecto pude presentarlo en encuentros sobre ambiente de Uruguay, Bruselas y Bolivia, pero aquí está cajoneado hace cuatro años.”
En ese marco, Olivero afirmó: “Hay quienes destruyen los mecanismos de participación ciudadana, es imprescindible fortalecer los mecanismos de acción directa y que las instituciones escuchen y representen a la gente.”
Por último, Marcelo Falo fue lapidario en sus apreciaciones. “Siento una profunda decepción del Poder Legislativo. El tratamiento del proyecto de ley de bosques me permitió sacar conclusiones sobre la tarea legislativa. Le pusimos mucha pila y muchísimo empeño y pudimos elaborar una ley muy buena y el trabajo de la comisión fue totalmente abierto. Hasta dejamos que hablara algún delincuente que tenía causas por desmonte. Todos los que quisieron participar tuvieron la oportunidad”.
Falo afirmó que había un abismo insondable entre algunas posiciones y que en ese marco fue necesario un trabajo muy serio. “Creo que elaboramos una muy buena ley, para mí la ideal. Equilibraba el ordenamiento del territorio, no tenía visos de inconstitucionalidad, resguardaba las zonas más sensibles, etcétera. Después de ese proceso realmente democrático construimos un texto razonable, si se quiere con un ‘sesgo ambientalista’, pero lamentablemente el texto que se aprobó tiene un ‘sesgo ruralista’. Hoy los que todavía festejan son los que hacen asado de cuero en el norte y el oeste, no los que trabajaron en la comisión, todo ese proceso abonó esta profunda decepción”, subrayo el ex defensor del delasotismo.
Los puntos de vista que compartieron los representantes revelan la crisis en las mediaciones entre la ciudadanía y las instituciones. En una próxima entrega más aportes de la charla profundizando sobre el problema de lo que podría llamarse la cultura política.
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