Juicio Videla y Menéndez / Marité Sánchez: “Se percibía el temor, se olía la muerte”

25 de agosto de 2010
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Juicio Videla y Menéndez / Marité Sánchez: “Se percibía el temor, se olía la muerte”

Día 23

Por Esteban Torino | etorino@cbanoticias.net
Fotografías: Facundo Martínez |
fmartinez@cbanoticias.net

En otra mañana gris de la ciudad de Córdoba, se abrió la vigésimo tercera audiencia del proceso que enjuicia a Videla y Menéndez, además de otros 29 imputados. Así, aportando el testimonio número 43, declaró la doctora Marité Sánchez, que es abogada de Abuelas de Plaza de Mayo desde mayo de 1989 cuando, dice, “nadie quería serlo”.

La testigo reconoció a varios de los imputados, entre ellos a Videla, Menéndez, el gato Gómez, el chato Flores y la cuca Antón (de quien no supo el nombre), además del sólo reconocimiento físico de varios acusados más. En relación a Menéndez, dijo haberlo visto en un ascensor del  edificio donde estaba el estudio en el cual trabajaba. Así tras preguntarle varias veces y no recibir respuesta, finalmente cuando se bajaba se presentó como el “General Menéndez, mucho gusto”. Esta situación sin dudas descolocó a Sanchez que le devolvió un “muy mal gusto para mí”.

En lo que respecta a su declaración, Sánchez fue apresada el 24 de febrero del 76 en el domicilio donde vivía con su marido, estando embarazada de 7 meses y medio. La testigo indicó que a quien buscaban en realidad era a su esposo, de quien aclaró “no militaba”. Ella sí militaba en la Facultad de Derecho, donde cursaba el tercer año de la carrera, y formaba una coordinadora que bregaba contra la suspensión del doctor Marcó del Pont y otros dos profesores más.

Una vez detenida fue llevada al D2, donde pasó cuatro días. Así, comentó que en su primera declaración le advirtieron: “Pensá bien lo que vas a decir, por lo que tenés en la panza”. Más tarde oiría la vociferación de “cayó Ferraro”, que era su esposo. De este modo, con su marido ya apresado, la llevaron a donde éste se encontraba. Con lo que la abogada de Abuelas relató sobre su esposo: “Tenía una (cruz) esvástica escrita con birome en el pecho; y le decían vas a hablar, sino la vamos a matar a ella que tiene tu hijo”. Ante lo que ella gritó que dijese que no sabía nada. Actitud que fue brutalmente reprendida con una “trompada”

Traslado a la UP1

Tras cuatro días en el D2 fue trasladada a la UP1, de donde la sacarían el 13 de abril para dar a luz a su hija en la maternidad provincial. Aunque una semana antes ya había sido testigo de la primer recorrida de militares en la Unidad Penitenciaria. Lo cierto es que estuvo esposada durante todo el parto, salvo a último momento. Su hija, Soledad, nació con fórceps, por lo que le dijeron que había tenido sufrimiento fetal.

El 15 volvió a la UP1 con su beba, aunque las cosas parecían haber cambiado radicalmente. Ya desde la entrada, una guardia femenina que le hizo la requisa le advirtió: “Esto está terrible, ha cambiado todo, ya te van a contar tus amigas”. Y así fue. Cuando se encontró con las compañeras dijo ver vivido un momento muy emotivo, con mucho afecto. Pero le dijeron que era una suerte que había tenido a su hija aquel día, porque ese mismo día habían entrado los militares para tomar el control del Penal. “El trece de abril fue el día que entraron a la cárcel, además de haber dado vida yo”, concluyó Marité.

Las condiciones en la UP1 habían cambiado absolutamente, “todo era muy brutal”. En cuanto a los acusados, señaló que Monez Ruiz (que apodaron Avispón Verde) y Alsina eran quienes les daban las “sesiones de baile”.

De Alsina dijo que le habían puesto Remolino, “porque si la situación no hubiera sido tan patética, su imagen era casi payasesca”. En este sentido explicó el accionar del ex teniente Alsina diciendo: “Se agachaba, nos gritaba cosas mientras nos bailaba, nos hacía gritar: soy dulce de batata y voy a morir masticado. Era una persona exageradamente perversa”. Mones Ruiz “era absolutamente diferente, lo cual no quita que no haya torturado ni matado, pero no gritaba”, aclaró Sánchez.

Marité Sánchez rememoró haber sido llevada por Mones Ruiz a declarar ante el doctor Rueda, que en ese momento era escribiente, y el doctor Haro. Por otra parte mencionó una penosa frase que, dice, salió de la boca de Luis Eduardo Molina (que era defensor oficial en ese momento, y fue defensor general de la provincia hasta hace dos años), que le habría comentado: “Vos no querés hablar, no te querés sacar la bombachita, así no te vas a ir más”.

De Diana Fidelman contó que se la llevaron una primera vez al D2, donde la torturaron y violaron. Tras su regreso Fidelman le habría dicho que si la volvían a sacar la iban a matar. “Si vos Diana tenés una causa judicial”, le señaló Sánchez a su compañera; a lo que sentenció lamentada: “Yo, estudiante de abogacía, creía en las leyes”. Al día siguiente la sacaron, y un día más tarde se enteraron de su asesinato.

Este tipo de prácticas fueron reiterativas con cada una de las mujeres que, en traslados, fueron asesinadas en “supuestos” intentos de fuga. En este sentido Marité apuntó: “Cada vez que nos sacaba después de las 7 de la tarde se percibía el silencio de cuando habían sacado a otras compañeras, se percibía el temor, se olía la muerte”.

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