Por Einat Wald | ewald@cbanoticias.net
Fotografías: Facundo Martínez | fmartinez@cbanoticias.net
Día 18
Al comenzar la audiencia el Presidente del Tribunal, el Juez Jaime Díaz Gavier, hizo referencia a los disturbios sucedidos el día martes entre familiares de los imputados y los organismos de Derechos Humanos y pidió por el respeto de las normas y el decoro.
Por su parte, el imputado Yamil Jabour amplió su declaración indagatoria y haciendo uso de su derecho, alegó que él sólo confeccionaba sumarios de delitos tipificados por el Código Penal y planteó que el no investigar sumarios es una forma de omitir la investigación sobre el papel que tuvo la Justicia Federal en el marco del terrorismo de estado. El “turco” Jabour, relató un ataque en simultáneo al Cabildo (donde funcionaba la jefatura), al Ex D2 y al equipamiento eléctrico y sentenció: “Luego de una exhaustiva investigación, se llegó a la conclusión que los causantes de aquel tremendo hecho que se cobró la vida de dos oficiales y arrojó una gran cantidad de heridos fue ejecutado por militantes del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo)” y profundizó en que luego de ésta investigación los ejecutores fueron detenidos “legalmente” y “alojados” en una cárcel de encausados.
El imputado alegó: “Éramos controlados por la Justicia Federeal, actuábamos bajo la ley. No conozco que se hayan violado garantías constitucionales”. “Si existía un orden ilegal, lo desconocía”, así finalizó su declaración.
Luego, la testigo Ingrid Weissman prestó testimonio y relató con detalle los cinco días en los que estuvo en, según ella, “lo más parecido al infierno”: el Ex D2. A Ingrid la detuvieron en un allanamiento, al parecer, realizado al azar. Ella era médica pediatra, no militaba en ninguna organización y aún así fue trasladada al Cabildo, en primera instancia. Allí le ataron las manos y le vendaron los ojos. “Nos sacaban la dignidad, nos desnudaban y nos manoseaban”.
La testigo también relató sus conversaciones con sus compañeros en el Ex D2. Habló de una mujer llamada Diana Fidelman quien al parecer venía de varios traslados y conocía a la perfección las técnicas de submarino seco y húmedo. Según Ingrid, Diana era parte de Montoneros. La Dra. Weissman también aludió a tres muchachos obreros de la industria Sancor que al parecer ingresaron al Departamento de Información durante esos días de finales de Abril del 1976.
“Además de los golpes y los manoseos, yo sufría maltrato verbal por mi condición de judía. Me decían: Los judíos acá entran por la puerta y salen por la chimenea. También escuché varios Heil Hitler”. “Ellos estaban casi siempre alcoholizados y disfrutaban de lo que hacían”.
Sobre su salida del D2 tiene tan pocas explicaciones como de su entrada. Un día, sin más, le sacaron las vendas de los ojos y la llevaron a la oficina sin ninguna ficha para llenar ni ningún formalismo; la dejaron en libertad los primeros días de Mayo de 1976.
La testigo cuenta que no hizo la denuncia penal en su momento sólo por miedo a las posibles represalias.
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