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Ojo con Pérez

02 de junio de 2010
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Por Felipe Boyajián

De niño, cuando creía en la filantropía y la generosidad desinteresada del ser humano, asumía, no sin cierta conveniencia, que el ratón Pérez era asimismo una alimaña bondadosa que premiaba el doloroso proceso de desdentamiento infantil. A medida que crecí, en lugar de descreer del mito como la mayoría de mis amiguitos, comencé a observar algunas falencias respecto a la logística y a las motivaciones de este simpático roedor. La primera duda surgió en tercer año, cuando estudiábamos las leyes dinámicas en la clase de física.

Recuerdo claramente preguntarle al profesor Liberutti, a que velocidad debería viajar el ratón si quisiera recorrer los hogares de todos los niños que pierden sus dientes en una sola noche. Suponiendo un recorrido diario de diez mil kilómetros, la velocidad promedio, despreciando la aceleración y considerando las ocho horas de sueño de los infantes, sería de unos 1250 km/h.

Luego, en la clase de biología, indagué con la licenciada Lebinsky sobre la factibilidad de un ratón de alcanzar semejante velocidad, esta vez, evitando utilizar específicamente el apelativo Pérez, aunque el resto de mis compañeros ya se hubiese percatado de la intención de mi pregunta y por ende, ejercieran sobre mí los escarnios convenientes.

Mientras esperaba en la dirección la sanción correspondiente por lo que la profesora interpretó como una falta de respeto, cavilaba cabizbajo respecto a las virtudes sobrenaturales que debería tener este personaje para concretar semejante hazaña. Consideré que estaba un poco grandecito para andar atribuyendo superpoderes o creer en seres sobrenaturales y allí comprendí la primera cuestión que hace a la efectividad del roedor. Debería ser alguien cercano, alguien que conociese nuestros hábitos nocturnos, alguien que advirtiese a tiempo las molestias dentales y registrase puntillosamente los intentos por deshacernos de los colmillos flojos. Perspicazmente concluí que no se trataba de un ratón, sino de varios.

Este primer albor de escepticismo me llevó a dilucidar que se trataba de un grupo de roedores que, cobijándose en el parecido fisonómico que los humanos encontramos entre los diferentes individuos, trabajaban en conjunto y utilizaban este sobrenombre genérico que puebla las guías telefónicas del país.

El tema de la logística estaba resuelto, pero una mañana de febrero, mientras atendía al cursillo para el ingreso a la facultad, advertí un dilema respecto a las motivaciones económicas de los roedores. En un debate que mantuve con un estudiante brasileño de intercambio, el morocho propuso que tal vez los ratoncitos mantenían un fetiche con los molares humanos o que los colgaban como trofeos en los muros de sus madrigueras, como símbolos de la hazaña que implica incurrir en los aposentos más íntimos de las personas evitando sus desvelos.

Luego de exponer su teoría, la cual no me pareció del todo descabellada, el moreno emitió una risotada y sospeché que no se estaba tomando el tema con toda seriedad, por lo cual le bajé dos dientes de un puñetazo al grito de: “A ver quien te deja plata ahora gil”. Luego de propinarle una patada en la ingle agregué: “Fantoche será tu abuela”, sucedáneo del término fetiche, del cual ignoraba su significado, pero me sonaba a insulto.

Descreí de la filantropía de los roedores. Más allá de la astucia que implicaba la transacción de retirar el diente y depositar el efectivo, era improbable que un ser considerado inferior quisiese remunerar a los niños del planeta por el dolor que causaba la pérdida de un diente. Quizás, pensé, el diente es al roedor, lo que el marfil es al humano. Tal vez sucedía algo similar a lo que vaticinó mi malogrado compañero Peliño: en el mundo de las alimañas terrestres, los objetos más preciados están hechos de diente humano. Teclas de minúsculos pianitos, lapiceritas, manguitos, jarroncitos, utensilios de cocina, bijouterie, etcétera, conformarían algunos de los cientos de objetos que dichos animalitos realizarían tallando nuestra preciada materia dental.

Parecía que el dilema del ratón Pérez estaba solucionado, cuando, luego de un seminario que dí en la universidad de Salamanca sobre comercio internacional el viernes pasado, mientras un joven un tanto paranoíco me hacía algunas preguntas respecto al monopolio de la soja, germinó en mi cabeza la idea de la implicancias que tendría sobre el orden social, una creciente demanda de diente humano por parte de los ratoncitos. Nunca hasta este fatal momento se me había ocurrido que las clases mas bajas de roedores podrían sublevarse y comenzar a exigir los lujos de las clases ratonescas más altas.

No pude evitar sospechar que había una tala indiscriminada de dientes por parte de los dentistas, los cuales obviamente tenían un arreglo con las nombradas alimañas. Seguramente las empresas lácteas y las compañías de dentífricos recibían comisiones por su colaboración en la dosis de calcio de los infantes. Recordé la anécdota sobre el ataque de unas ratas a los depósitos de caramelos, lo cual interpreté como un claro boicot organizado hacia las fábricas de dulces, que indiscriminadamente carean los preciados molares.

Yo me pregunto, mientras cepillo frente al espejo mis relucientes dientes e inspecciono la posible permanencia de restos gastronómicos en los intersticios bucales: ¿Qué sucederá cuando la demanda dental ratona supere el desprendimiento infantil? ¿Invadirán nuestro lecho mientras dormimos estos audaces roedores para arrancar nuestros preciados incisivos? ¿Ante la resistencia presentada por los humanos ante tal feroz ataque, optarán por asesinarnos previamente?

Ahora sí comprendo todo. Esa conducta antisocial, esa manía de escabullirse por las alcantarillas, esconderse en los techos, andar en la penumbra, susurrando, asegurándose vías de escape, implica una sola cosa: están organizándose, están esperando el momento propicio para atacar.

literatura@cbanoticias.net

(c) Permitida la reproducción citando la fuente: (texto y link) http://www.cbanoticias.net

5 Respuestas to “Ojo con Pérez”

  1. Facundo dice:

    El Raton Perez, o la organizacion oligarca de Ratones Perez, sin lugar a duda pertenecen a la oligarquia aristocratica de este mundo neoliberal que solo reproduce el poder de quienes ya lo tienen, concentrandolo en manos de poco y reprimiendo a las fuerzas laborales de los ratoncitos que son el proletariado de esta clse dominante y burguesa.
    ¡¡¡VIVA LA REVOLUCION DE LOS RATONES EXCLUIDOS!!!

    MUY BUEN CUENTO
    SALUDOS COMPÑAERO

  2. Dr. dice:

    completamente anonadado por el descubrimiento realizado, ya van varios dias que no duermo a consecuencia del temor y el virtual paico, que me ha producido la lectura de esta nota, atento a que que concluyo ¿sera entonces que mientras desandamos nuestras rutinas diarias, estos bichos nos estan observando?

  3. patmabrubo dice:

    ¡ojo, ni la casa blanca se libra del espionaje de los perez ….! http://www.youtube.com/watch?v=QBXNYg9OzrI

  4. patmabrubo dice:

    ¡ojo, ni la casa blanca se libra del espionaje de los perez ….! ver http://www.youtube.com/watch?v=QBXNYg9OzrI

  5. patmabrubo dice:

    cuanta imaginacion…o,no?..¡ojo, ni la casa blanca se libra del espionaje de los perez ….! ver http://www.youtube.com/watch?v=QBXNYg9OzrI

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