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Guarda con el fresquete

10 de junio de 2010
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Por Felipe Boyajian

El otoño es una cortesía del invierno. Un felpudo de bienvenida que nos brindan los cordones cuentas donde las hojas se acumulan para, subversivamente, impedir el escurrimiento del agua. Asumo que el caer de las hojas es una protesta del verano, que patalea para no irse. Y digo que el otoño es una cortesía, porque nos va embelesando con su romanticismo y su lírica, sus colores, la danza de la hojarasca cuando el viento las arremolina y esas cursilerías. El otoño es, ingenuo lector, una distracción del invierno, una celada, un vil camuflaje. El invierno quiere asesinarnos con su cruel frío. Para ello se vale de la simpatía del otoño, para que divaguemos en su belleza y olvidemos la inminencia de una temporada gélida. Suele enviarnos algunos días de temperaturas gratas, hasta que de golpe y porrazo refresca y terminamos todos en cama o en ataúd. Por lo tanto, atolondrado pero fiel lector, le recomiendo tomar las siguientes previsiones antes de que se venga el fresquete:

Duerma la siesta. Exceptuando que usted viva en Suecia, donde el estado provee todo, incluso el calor corporal (además la gente desconoce el acto siestero), le recomiendo seriamente propinarse un buen descanso diurno con el objeto de: generar anticuerpos y mantenerse abrigado.

Lo que mata es la humedad. El peor frío, afirma mi sabia abuela, es el húmedo. La clave está pues, en mantenerse sequito. Dependiendo de su situación financiera, le recomendamos dos medidas alternativas para asegurase dicho estado de aridez  corporal. La primera consta simplemente en envolver su cuerpo enteramente en papel secante, insumo que puede adquirir en su librería amiga, bajo la excusa, de la ejecución de un experimento de germinación a gran escala. Si usted ha hecho propios antiguos consejos y por ende renunció a su trabajo, lo que implicaría una situación financiera adversa, procúrese entonces importantes cantidades de papel de diario.

No se bañe. Atendiendo al anterior consejo y si, paralelamente usted está procurando el abandono de su cónyuge, es altamente recomendable eliminar este tedioso y derrochador hábito diario de higiene personal. No he conocido a nadie que se haya muerto por mugriento. Por otra parte, me he anoticiado sobre casos de familias enteras que han fenecido de pulmonía por salir a la calle, en pleno invierno, con el cabello mojado. Este consejo puede suscitar la polémica respecto a la posible segregación social que incluya la eliminación de este hábito. Dicha consecuencia puede remediarse mediante la siguiente extrema pero eficiente acción:

Enciérrese en su casa. Inteligente determinación que evitará que usted se exponga a las bajas temperaturas exteriores. Es saludable transcurrir la estación invernal confinado en su hábitat natural. El nulo contacto con la civilización, evitará tener que bañarse y por ende, gastar el preciado gas que utilizará luego para calefaccionar su humilde pero acogedora vivienda. Una de las medidas preventivas para evitar el posible desabastecimiento de insumos vitales, será asegurarse previamente una buena conexión a Internet. Dicha ventana al mundo civilizado le permitirá realizar el pedido de sus compras y pagar sus servicios on line. Previamente, vaya aprendiendo a jugar al póker por Internet, vicio que suplirá la entrada económica que ha dejado de percibir gracias a su renuncia laboral.

Remedie las infiltraciones de aire frío que sufre su precaria vivienda. Me refiero a las rendijas que poseen las aberturas que lo comunican con la cruel intemperie. Debido a que usted ya ha optado por el confinamiento, recomendamos el empleo de grandes cantidades de papel de diario en dichos intersticios. Afortunadamente, los periódicos viejos abundarán en su morada si, oportunamente, usted ha cumplido con los consejos previos a pie juntillas.

Asegúrese un ladrillo. Una milenaria técnica para el entibiamiento del lecho, consiste en calentar un ladrillo sobre la cocina económica y luego envolverlo de algún material que permita el paso del calor, evite lacerar nuestra piel pero que además no se encienda ni derrita al contacto con el bloque incandescente. Como varios lectores habrán vaticinado, el único material que cumple con dicha condición y que además abunda en nuestro planeta es el papel de diario.

A esta altura, especulador lector, usted habrá conjeturado que los volúmenes de periódicos viejos ha propinarse, será extensa. Por lo tanto, concluyendo esta serie de consejos que le evitaran ser preso de la hipotermia y, atento a que varios lectores quieren irse ya a dormir la siesta, expongo a continuación una leve teoría sobre el ciclo vital de papel de diario en busca de mecanismos de celefaccionamiento más sustentables.

Cada domingo usted recibirá el periódico cuya primera misión será mantenerlo al tanto de las noticias del mundo exterior; virtud que apaciguará su carácter de ermitaño, más aún luego de no asegurarse una digna conexión a Internet. Una vez leído, el mismo podrá emplearse para envolver el ladrillo caliente que asimismo entibiará su cuerpo en el lecho. A la mañana siguiente, haciendo uso de la sección de deportes, cubra vuestra humanidad con dicho anexo, a los fines de mantenerse abrigado y seco. Al cabo de tres o cuatro días, una vez que este noble elemento absorba las segregaciones corpóreas y su contacto dermatológico induzca comezones insufribles, estará listo para utilizarse en el bloqueo de los intersticios ventanales, ya que la grasa absorbida de vuestro pellejo, fielmente incorporada al  papel de diario, le otorgará facultades impermeabilizantes. Es probable que luego de evaporada la crasitud del periódico, el mismo comience a deshilacharse o heder, propiedades que sin duda vuestro cuerpo habrá adquirido a esta altura. Acto seguido utilícelo como combustible para la cocina económica, paradigmático artefacto doméstico, cuya ignición será empleada en el temple del ladrillo. Dicho bloque cerámico será envuelto nuevamente por la edición dominguera, publicación recibida esa misma mañana y cuyo contenido noticioso sobre los conflictos mundiales y la política nacional, a su vez le otorgarán motivos para entrar en calor.

Si el cumplimiento de esta serie de sensatos consejos no apacigua su frío o, las medidas presentadas se le antojan un poco antisépticas; le recomendamos, para mantener el espíritu evasor de este espacio literario: Múdese al Brasil.

Cuentos anteriores:

- Ojo con Pérez

- Consejos para dormir la siesta

literatura@cbanoticias.net

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4 Respuestas to “Guarda con el fresquete”

  1. anonimo dice:

    jajajajajajaja!

  2. Agus Priscila dice:

    Te olvidaste de una gran herramienta que posee la humanidad para luchar contra el frio: la cucharita. Y creo que entra en contradicción con varios de tus consejos. La cucharita requiere que la persona sea un ser sensible que posea relaciones humanas con otros seres, pues se trata de una actividad que no se puede realizar individualmente. Se necesita por lo menos dos personas. Es conocido que la física de la cucharita se basa en la cercanía física con el otro, en donde se produce una dialéctica de calor corporal que va y viene entre los cuerpos. Relacionado a esto, sería imposible entrar en cercanía física si pasamos todo el invierno mugrientos, por lo que es menester el aseo corporal para utilizar este medio de calor. Otra cuestión a considerar es el uso de diario. No está demostrado científicamente si el diario corta la dialéctica de calor corporal, pero creo firmemente que no ayudaría a la situación, estimo que produciría comezón o molestias como efectos secundarios. Respecto a la humedad, la cucharita en sí misma no debería producirla, pero suele ser un paso hacia otras actividades que sí. En todo caso, esto quedaría en manos de la persona…

  3. Felipe dice:

    Anonimo: no te burles, ya sabemos donde vivís, cuidate.

    Agus Priscila: Bueno, así cualquiera, de tener contacto con otro ser humano todas las recomendaciones antedichas son vanas. Lo que todavía no entendí es como un utensillo tan frio y pequeño como la cuchara puede darnos calor. se calienta y aplica sobre el cuerpo humano? provoca laceraciones?

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