Por Irina Morán
Fotos Gentileza: Tomás Barceló
Jorge Oscar Piva es periodista y escritor. David Metral, profesor de historia y actor. Ambos, oriundos de Villa María y con concepciones ideológicas diferentes, mantienen viva una vieja amistad desde la adolescencia. Punto de partida para darse la licencia de debatir con pasión y argumentos contrapuestos, sobre la coyuntura política e histórica del país. Y, como era de esperar, el peronismo vuelve a ser el terreno, sólido y a la vez resbaladizo, donde ambos desatan un largo cruce de correos electrónicos para exponer sus juicios de valor acerca del llamado kirchnerismo y su variopinta oposición.
En la profundidad de sus respuestas, los autores ponen al descubierto vivencias personales, más el recorrido de políticos, periodistas, empresarios, medios de comunicación, militantes y organizaciones de los ‘70, hasta llegar a los orígenes del peronismo como movimiento social. Cuerpo teórico que les permite volver a caer, una y otra vez, en la tarea de defender o atacar las consecuencias políticas y económicas de las medidas adoptadas por el gobierno nacional en la actualidad.
De esto se trata De Kirchner a Perón –ida y vuelta–: libro que sintetiza buena parte de los argumentos enarbolados por el sentir argentino. Tanto de aquellos que se reconocen como peronistas, como los que no. En esta entrevista, Metral y Piva vuelven a tensar la cuerda y confrontar opiniones. Y a propósito, Piva nos trae una anécdota que bien sirve como disparador: “Perón es interrogado por un corresponsal extranjero sobre la conformación política de nuestro país. El General dividió entonces el electorado entre radicales, conservadores, socialistas y comunistas. Y cuando el corresponsal, extrañado, le preguntó sobre los peronistas, Perón dijo: “Ah, peronistas somos todos”.Sin rehuir la sonrisa que provoca ahora la anécdota, indagamos primero cómo surgió la idea de convertir una extensa polémica en libro.
-David Metral: No estaba en nuestros planes. La posibilidad surgió con el tiempo al observar que el tratamiento y su fundamentación habilitaban la variante. El soporte papel permitirá al público mayor meditación, a nosotros dos la concreción de una idea que se fue plasmando en el ida y vuelta de acuerdos y disensos. Eduvim hizo el resto.
-Jorge Piva: Quise provocar a mi amigo con una nota ajena –la de Jorge Fernández Díaz sobre los Kirchner y la utilización prefabricada de los derechos humanos- como para que me dejara de embromar con sus textos y reenvíos pro-kirchneristas. Su airada respuesta me obligó a fundamentar mis propias opiniones y de allí en más cada respuesta motivó al otro a profundizar aún más en el tema, al punto tal que empezamos con Kirchner y llegamos hasta el Perón inicial. Lo que siguió se convirtió en una especie de ensayo sobre el pasado y presente del país, y luego surgió la posibilidad del libro.
-¿En qué medida los gobiernos de los Kirchner recuperó esas ganas de volver a involucrarse o participar en la vida política del país?
-DM: Al plantear cambios en el tratamiento y resolución de temas claves como Derechos Humanos, Medios de Comunicación o Asignación Universal, el gobierno ha actuado como generador de debates absolutamente necesarios para esclarecer el sentido de rumbos políticos que se van definiendo entre progresismos y regresiones, de cara al Bicentenario. Que miles de jóvenes se vayan incorporando al debate y la definición de estas temáticas, ayudará mucho a la sociedad, hoy sorprendida por un relato mediático interesado y nada confiable, que participa de la contienda como un partido más.
-JP: En la medida en que su estilo de gobierno autista y confrontativo comenzó a crear enemigos imaginarios y atacando a los hoy débiles –como las Fuerzas Armadas- generó una creciente irritación en vastos sectores sociales. Que hayamos pasado del “que se vayan todos” a este rechazo mayoritario -e inarticulado, en cuanto a propuestas superadoras claras por parte de la oposición- no habla bien de la calidad institucional del país: cuesta encontrar méritos a este funcionamiento de la democracia, donde, encima, gobernadores y legisladores actúan no según sus mandatos y en algunos casos ni siquiera en base a sus convicciones, sino según la extorsión económica por parte del gobierno central. Además, el contraste entre el discurso oficial y la realidad cuando no mueve a bronca, como en el caso del Indec, mueve a risa. No sé si hay ganas colectivas de volver a involucrarse en la vida política del país. Sí, que los Kirchner motivan exasperaciones que no se registraban ni con Alfonsín ni con Menem.
- Desde sus perspectivas ¿consideran que se produjo “un antes y un después” en la democracia argentina a partir de la resolución 125 y el denominado conflicto con el campo? ¿Qué viejas dicotomías revivió el lockout patronal encabezado por la Mesa de Enlace?
-DM: Luego de que en 1973, por iniciativa del entonces Secretario de Agricultura Horacio Giberti, se intentara infructuosamente aprobar un impuesto a la renta normal potencial de la tierra, la resolución 125 resultó la iniciativa que llegó más a fondo en la pretensión de controlar la renta agraria excedentaria, buscando a la vez un mayor equilibrio entre el avance sojero y el retroceso de la diversidad alimentaria. Este intento provocó la violenta reacción del capital agrario concentrado, representado en la Mesa de Enlace, que eligió como en otras ocasiones el camino de la destitución y la pretensión homicida (según propias definiciones de sus jefes). A este atropello golpista adhirieron los partidos de la oposición. Sin ideas ni proyectos-país (así siguen hoy) se montaron en la protesta para recuperar su razón de ser, lo que por sí solo habla de las paupérrimas perspectivas de un futuro recambio político. No sería este conflicto un antes y un después, al menos considerándolo históricamente, al reiterarse la vieja lucha entre país pastoril y nación integrada, que ya tuviera trágicas derivaciones en 1879, 1921 y 1955.
-JP: Lo de “lockout patronal” es una forma de caracterizar el conflicto, que a mi juicio excedió ese ámbito e involucró a buena parte de la sociedad, en particular a comunidades de zonas agrícolas cuyas economías dependen de esta actividad. La torpeza del gobierno al tratar de apropiarse de un mayor porcentaje de la renta agrícola, y sin negociarlo, fue tal que catalizó en su contra la antipatía de ciudadanos a los que normalmente el tema del campo ni les interesaba. Acusar de “videlistas” a jóvenes productores que ni siquiera habían nacido cuando la dictadura, fue ridículo. No quiero decir con esto que los productores agropecuarios sean un colectivo de patriotas desinteresados, preocupados por el bien común y ejercitados permanentemente en la solidaridad social, pero de ahí a considerarlos enemigos de la patria… El enfrentamiento destemplado provocado por el gobierno llevó a una peligrosa dicotomía “kirchnerismo-antikirchnerismo” que, milagrosamente, no llegó a la violencia generalizada.
-¿Es saludable que periodistas o ensayistas revelen sus posiciones ideológicas a la hora de emitir juicios de valor sobre la realidad política?
-DM: El cuerpo de ideas desde el que los analistas expresamos nuestras opiniones sobre la realidad política, es imposible de ocultar, menos aún en el historiador me parece, ya que en la elección de la perspectiva social, la metodología de análisis, los fundamentos documentales, las elecciones temáticas y usos semánticos, se va revelando el ideario desde el que se piensa, descartando posiciones dogmáticas.
-JP: Las posiciones ideológicas, en sentido amplio, no de embanderamiento partidario, se manifiestan inevitablemente en cualquier periodismo de opinión. Uno ve el mundo desde el prisma de su formación y experiencia, y esto es así en cualquier ciudadano y actividad. Prefiero el periodista político de opiniones taxativas, a quienes se escudan en discursos de supuesta independencia u objetividad y en realidad son mercaderes de información o publicistas encubiertos. De última, elegimos a quién leer y a quien no. Aún los excesos de la libertad son preferibles al discurso único. Mientras haya honestidad intelectual, cualquier interpretación de la realidad es válida.
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