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A 40 años del Cordobazo: “Aquellos días de mayo”

31 de mayo de 2009
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Aquellos días de Mayo
del año sesenta y nueve
la brisa tenía un perfume
singularmente rebelde.

Y el sol para no ser menos,
señalando su presencia,
tiraba rayos candentes
para encender la protesta.

Cansados del atropello
de ilegales gobernantes,
los estudiantes y obreros
fueron ganando las calles.
Miles de puños arriba,
miles de almas sin miedo,
marchaban cuadra por cuadra,
desde los barrios al centro.

Allí estaban al acecho,
con sus armas y armaduras,
las fuerzas que defendían
la cobarde dictadura.

Con expresiones de plomo
de sus gargantas de acero,
abrieron flores de sangre
en algunos compañeros.

Y en San Juan y Arturo Bas
la inmortalidad fue tierna
cuando levanto en sus brazos
el cuerpo inerte de Mena.

La muerte con su malicia
en vez de aplacar la furia
puso a los manifestantes
más dispuestos a la lucha.

Y se vio a la infantería
la jefatura buscando,
federales en retiro
y montados sin caballos.

Que cosa maravillosa
ver aquellos dirigentes,
poniendo el pecho a los tiros,
poniendo luz en las mentes.

Todo salió de su cauce
y al llegar el mediodía,
cada tranquilo vecino
era una braza encendida.

El humo de barricadas
pegado al cielo flameaba
como orgullosa bandera
de una ciudad liberada.

Después de las diecisiete
los militares vinieron,
con sus cabezas vacías
y sus cargadores llenos.

Entre las mortales balas
que escupían sus fusiles,
una pared les rezaba,
soldado hermano, no tires.

Y luego de un par de días
la paz llegaba a esta historia,
guardando celosamente,
estas jornadas de gloria.

El cordobés fue Guevara,
fue Bolívar, fue Martí,
fue Zapata, fue Sandino
y fue nuestro San Martín.

Hoy Córdoba no es la misma,
tiene otra cara, otra pena
y una cadena que ha roto
le cuelga de sus muñecas,
se pasea por las mundo
con la libertad en sus pasos
y el recuerdo de los hombres
que hicieron el cordobazo.-

Alcides Padrón

Alcides Padrón nace en Capital Federal en 1951, al poco tiempo se radica en Concordia, Entre Ríos, donde pasa su niñez y gran parte de su adolescencia. En 1970 se instala en la ciudad de Córdoba, lugar donde comienza su producción artística, en el año 1974 ingresa a trabajar en la Municipalidad de Córdoba, como inspector de 3° de la policía de tránsito, en Agosto de 1976 es dejado cesante por el gobierno militar, en 1979 regresa a la ciudad entrerriana en donde reside hasta el 2000, año en que vuelve a esta ciudad, en donde es reincorporado a las filas municipales por el gobierno democrático (2003) y actualmente reside.

En 1986 presenta un “dossier” titulado Para los amigos, ilustrado por el plástico concordiense Juan Meneguin.

En 1991 publica 28 Apodos del alma, trabajo en el que expone poesías sencillas pero de alto contenido emotivo.

En 1996 nace De pié, esta publicación que conserva su sello, no hace otra cosa que fortalecer el vínculo entre el lector que gusta de un estilo donde los versos se dejan correr sin esfuerzo y el autor.

A finales del año 1998 concreta y publica la Cantata a Concordia, donde se tratan con métricas y rimas algunos hechos históricos y leyendas de esta ciudad y su gente, esta obra fue musicalizada por los artistas Gabriel y Omar Kueider e interpretada por el grupo vocal “Canto Nuestro” (Revelación de Festival de Cosquín año 1994) en la reinauguración del teatro Odeón de esa ciudad.
Ya en esta ciudad, 2003, compone la poesía Agua de mar, que con música de Martín Rodriguez y Daniel Campos, (Los Guaraníes), fue la ganadora del Festival Cosquín de la Canción del mismo año.

El presente volumen pone a consideración de todos Uds. algunas de sus expresiones más recientes.-

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