Por Pablo Arietti
(CbaNoticias) Fulano se parece demasiado a muchos de los Menganos que se cruza a diario por las calles de su barrio. Va aprendiendo dónde vive la vieja que saca a pasear los perros de noche; qué razones tiene otra vieja de a la vuelta para salir a barrer cinco veces por día la vereda de su casa y la vereda de las casas aledañas; cuánto cobra el plomero-electricista de la calle Salamanca y las broncas entre el viejo de la casa de repuestos y el encargado de la heladería.
Cierran locales de lencería, abren ferreterías. La panadería se corrió al local de enfrente porque la dueña pidió un aumento exorbitante en la renovación del contrato de alquiler. Como la modificación imperceptible de las nubes, las cuadras del barrio varían su fisonomía. Cambia el revoque y el color de algunos frentes; la casa abandonada se sigue cayendo a pedazos, aunque nadie perciba que tiene 2 ladrillos menos que ayer; el baldío ya es una ciudad de botellas vacías, envoltorios de alfajores y cajitas de cigarrillos.
El diseño de las calles no es para desprevenidos. Abundan las diagonales, hay cortadas inoportunas que nacen en una esquina, se curvan y desembocan a media cuadra de otra manzana desde donde nace un pasaje sin salida. Para complicar semejante laberinto, la modernidad derrivó el tanque de agua, referencia ineludible para desandar enredos. Más de un señor mayor sigue diciendo “de donde estaba el tanque de agua, haga 3 cuadras más o menos, ahí no va a poder doblar porque es contramano, haga una ese, se vuelve 2 cuadras, por ahí es, pregunte…”. Los nombres de las calles coronan el complot perfecto para dificultar el manejo del barrio. Todas evocan ciudades o regiones de España. Después de varios años, Cataluña sigue confundiéndose con Andalucía, Valencia con Valladolid, Cadiz es paralela a Galicia en la certeza de quienes viven en Cadiz y Galicia, perpendicular en la creencia de quienes viven en Toledo, y forma un ángulo en la incertidumbre de quienes viven más allá de Asturias. Ir por Sabattini desde el centro, pasar el Parque Sarmiento y doblar a la derecha es, siempre, un acto de arrojo. Con los años, se aprende que Barcelona, El Escorial y Provincias Vascongadas, son las únicas calles rectas que despanzurran, día y noche, unas cuantas manzanas oblicuas.
En el corazón de este despropósito residencial hay una plaza. Junto a la plaza, un galpón de dimensiones imponentes. El idioma nos deja decir que es masculino. Un galpón adulto. Ya pasa los 40 años. Fulano le camina las veredas que lo circundan, diez, cien veces al año. El frente da a la calle León. En el frente, un nombre altruista: “Asociación de Amigos de Barrio Parque Maipú – Escuela de Minibasquet”.
Hay un portón abierto la mayor parte del tiempo. Fulano le pasa al frente, relojea, sigue de largo; al rato, de regreso, vuelve a mirar, se ve más movimiento, vuelve a seguir de largo. Algunos días se pregunta cómo habrá que hacer para entrar. Otras veces pasa apurado, indiferente a la presencia del hermano mayor de la cuadra. De repente, los hijos crecen tanto que la dueña de la Guardería empieza a levantar la ceja. Fulano entiende que hay que cambiar de rubro. Su hijo se aburre con sus compañeritos. En casa, la televisión lo llama impúdica, “Hijo de Fulano, ven a mí… Ven Fulanito, mira lo que tengo”… Fulano descree de la sirena hipnótica, le apaga un rato el televisor a Fulanito y salen a pasear. De repente, Fulano y Fulanito pasan delante de lo que Fulano abrevia como Club, aunque no se lea “Club” en ningún lado. Pasan de largo. Un día, se vuelven y entran. No era tan difícil entrar. Se ven chicos jugando al basquet, o tratando al menos de hacer picar la pelota. Los chicos tienen la edad aproximada de Fulanito. Decidido, Fulano encara a quien tiene pinta de profesor y pregunta. El profesor explica, Fulano entiende. Cuando se graba los horarios, nota que Fulanito se soltó de su mano y andá por ahí, picando una pelota.
Al mes y pico, Fulanito hizo unos 30 amigos. Va los días que tiene que ir, a jugar y aprender, y los días que no tiene que ir, sólo a jugar, en la cancha o en la plaza. Fulano se hace un tiempo y va a la reunión de padres. En las reuniones, de a poco, conoce la historia de todos. Los que desde hace años trabajan en el Club y los que, como Fulano, se acaban de sumar. A pocas semanas de participar, las necesidades del Galpón-Club-Asociación de Amigos-Centro Vecinal-Escuela de Minibasquet- se muestran amables a la consideración de los recientes colaboradores. Fulano discute y se ríe con sus compañeros Menganos. Fulanito y sus amigos Menganitos juegan al metegol y a las escondidas.
Transpirar la camiseta
La comisión que trabaja desde hace años no supera las cinco personas. Hay un presidente que padeció comisiones anteriores y vio cómo sus pares, agotados, abandonaban el barco; un tesorero que administra la pobreza haciendo malabares; un secretario especialista en amortiguar caídas anímicas, ex jugador del plantel que llevó el club a la primera división hace unos 20 años; un profesor que lleva 20 de sus 27 años de edad jugando y trabajando en el club (“Nadie pintó más veces que yo las líneas y las zonas de la cancha”.
Hay una copia de la topografía del parquet en su memoria. “La octava tablita de la segunda fila está floja, la pegamos y se vuelve a despegar, la hija de puta”); otro profesor con nervios de acero para amansar sabandijas; un delegado que lleva los papeles y una doña que se pone las divisiones inferiores al hombro para organizar viajes y atiende la cantina para juntar unos pesos. Fin del personal. Hay un rosario de asuntos urgentes y una procesión de oportunidades poblada de cicatrices por tantos golpes contra las paradojas que cercan el Galpón-Club-Escuela.
El contrasentido más inquietante no parece exclusivo de Barrio Maipú. Rodean la manzana del Club y la plaza caserones donde fácilmente se podría advertir un poder adquisitivo elevado. Sin embargo, la gran mayoría de los chicos que juegan proceden de barrios que no connotan opulencia: Sarmiento, Rivadavia, San Vicente, Colón. Cualquier sociólogo del bar del Club, ya jubilado de abogado, médico o contador, y dedicado a la timba, lo explica en segundos mientras orejea los naipes: “Mirá, acá había una manga de atorrantes que no te cuento, la gente se fue yendo, cuando la gente se va, se va la guita, el club tiene poco para ofrecerle a los socios, los pocos socios que quedan pagan la cuota cuando se acuerdan, mientras tanto tenés internet, 80 canales de televisión, los padres laburan todo el día, y los hijos vaya a saber. Nosotros ya colaboramos. Las primeras hiladas de ladrillos del galpón las pusimos acá el amigo y yo…”.
El grupo de jubilados, casi todos ricos, que todas las tardes corre las cortinas y se apropia del bar (algunos señores, en un gesto viril de pertenencia, estacionan sus camionetas 4×4 en la misma vereda), triplica en número a quienes, a pocos metros, sueñan despiertos con un espacio de encuentro familiar.
Desde hace 4 meses, una nueva camada de padres se incorporó al Club. Conducidos por la encargada de las divisiones de Minibasquet, el grupo de inexpertos, a las corridas, le dio al club un empujón de ánimo, como primer paso esperanzado hacia el verdadero empujón que todo club de barrio necesita hoy para no desaparecer: el apoyo económico. La gestión de un subsidio con la Agencia Córdoba Deportes depende, como siempre, de algún contacto que acelere y de prioridad antes que de la justificación irrefutable de unas cuantas necesidades.
La multiplicidad de actividades propias de un Club-Centro Vecinal se ha reducido en los últimos años a la práctica de basquetbol masculino, cuyas categorías participan del certamen que organiza la Asociación Cordobesa de Basquetbol, y a un taller de acrobacia aérea. Los ingresos regulares provienen del alquiler de las instalaciones a un Colegio Privado de Barrio Sarmiento y del alquiler de la pileta, pegada al galpón, a un grupo privado. El ingreso por cuota social de los chicos padece las variaciones económicas o el simple olvido, voluntario o involuntario, de los padres. La alternativa de restringir el acceso a los morosos conlleva el riesgo de perder a más de la mitad de los chicos. Si las categorías no completan los planteles en cada fecha del campeonato, la Asociación sanciona al Club con una multa que en ocasiones, para ofrecer un dato comparativo, supera el 50% de la remuneración de los profesores. Por otra parte, los resultados deportivos del año situaron a las categorías mayores en instancias de reválida, para mantener la primera categoría, y descendieron a las categorías inferiores.
Desde este escenario, el Club Maipú se encamina a un año complejo, con las dificultades de siempre, agravadas por los vaivenes económicos actuales, y con un nuevo grupo de colaboradores dispuestos a trabajar por el renacimiento de la institución.
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Eduardo de la Cruz:
Emilio Marín:
Mario Zonis:
Juan Pablo Ruiz: 





EN ESE GALPON HE CONSEGUIDO MUY BUENOS AMIGOS LO LLEVO EN LA SANGRE GRACIAS A ESE CLUB HE PODIDO APRENDER BASQUET DE LA MANO DE POLO, SI NOS HABRÀ GRITADO POLO, VA A QUIEN NO LE GRITO AJAJAA Y ESTOY MUY CONTENTO QUE ESTE N ATENAS POR SE LO MERECE Y VA A LLEGAR A SER TECNICO DE ATENAS ALGUN DIA.PARA MAIPU HE TRANSPIRADO LA CAMISETA HASTA MORIR PERO SE QUE ESTE CLUB QUERIDO LE TEMEN TODOS LOS CLUBES DE BASQUET PORQUE HAY UNA MAGIA DENTRO DE ESE GALPON QUE HACE QUE LOS JUGADORES NO SEAN MALOS.
Si hay chichos que aprenden basquet y hacen buenos amigos, y adultos (muchos o pocos) que trabajan para mejorarles las condiciones, y muchachos que crecieron allí y ahora lo agradecen y alguno que fue jugador y ahora labura como dirigente, y un barrio económicamente pudiente que le da la espalda a la empresa; yo repensaría el título: Un club rico en un barrio pobre?
QUINTEROS LAUCHA
qinteros bola al guano no servi pa bosta .no comrpas pelotas nada deja de roba plata.
quinteros no serviis para nada bldo :$ en serio man retirate ya bldo ya gastaste i robaste mucha plata ,,ni da para q sigas robando ,sucio,,arre
Me enorgullece saber del club, ahora vivo en neuquen y todos los dias me fijo que aparece del club. A pesar que no perteneci al barrio y era de la zona sur, mas precisamente de santa isabel, estuve muy ligada a este desde el 2001_2005. Aguante maipu
alguien tiene o sabe el telefono del club maipu?
hola.. soy de Villa Ocampo Sta Fe, me llamo Nicolás Martinelli. en el año 90 cuando se hizo el mundial de basquet y q Cba fue sede de la seleccion, fuimos invitados x el club Maipú a participar de un encuentro de fin de semana q en realidad les devolvimos su visita. Hoy soy el profe de una escuelita de basquet y me encantaria saber de algun teléfono del club para contactarme, me encantaria en un futuro volver ahora con mis chicos y q vivan lo q yo lo pude hacer en un tiempo, espero respuestas, gracias.
Querido y recordado Club Maipú. Yo tambien fui un niño que comenzó a picar la pelota por primera vez entre sus paredes tratando de mostrar al profe Jorge Reano que podía hacerlo. Y con cada bote que acompañaba el acelerado latido de mi corazon, fui descubriendo un nuevo mundo, amigos nuevos, que aún perduran, valores que hoy cuestan encontrar y esa inmensa felicidad que significaba pasarme días eternos en ese sitio hermoso, que primero fue una pequeña cancha descubierta y una pileta casi en desuso. Crecí y a medida que lo hacía iba tambien creciendo esa fabrica de ilusiones que era nuestro querido club. Jugue los primeros años de minibasquet, cuando les cuento, no nos ganaba nadie. Recuerdo a mi amado padre, acompañándome por toda la Argentina, en cada partido que jugábamos y eso hace más entrañable aquellos días.
Años más tarde el querido profe Garrone recordaba que el gran Atenas iba a Maipu sabiendo que iba a perder.
Luego misteriosamente el club se cerró. Nos fuimos a Juniors, pero siempre con la mirada y el corazón puesto en Maipu. Un día regresamos, formamos nuevamente todas las categorías del club, reabrimos la pileta y decidimos con la ayuda de un gran presidente, don Atilio Arribas y de don Ernesto Guastoni, construir el actual gimnasio. Qué días de trabajo, ilusiones y esfuerzos con mis amigos Lobito y Fernando Araoz, todo por amor a esa camiseta hermosa que con tanto orgullo defendí. Pidiendo a algunos los ladrillos, a otros la iluminación, a otro el piso de parquet, y a otro…..
En ese club conocí a mi esposa, crecieron mis hermosas hijas y estoy seguro que cada tanto se pasan por ahi, desandando las mismas huellas que deje eternamente en ese mágico lugar. Donde la amistad tenía el valor de la eternidad, donde el esfuerzo desinteresado, era eso, desinteresado, donde mi alegría y mi felicidad se quedaron eternamente encerrada en ese sitio que nunca olvidaré.
Fui jugador, entrenador, colobarador y hasta presidente y quiero confesarles que extraño enormemente cada minuto que alli vivi.
Hoy la vida me ha llevado muy lejos, a otro país, pero quiero transmiterles de alguna manera el sentimiento único de pertenecer a un sitio. De sentir que cada persona es de algún sitio y ese es mi lugar y que seguramente allí volverá alguna vez, a reencontrarme con los espíritus de la gente que por alli pasó, tanto amé y respeté y porqué no encontrarme con las sonrisas, las tristezas y las angustias de los actuales, que también forman parte de la vida diaria
quisiera saber si en el club se practica gimnasia artitistica para una nena de 7 años